El pasado día 16, por motivos laborales, tuve que viajar hasta Vitoria. Era la primera vez que visitaba el País Vasco y, gracias a los magníficos anfitriones que tuvimos, pudimos aprovechar para conocer un poco de esta tierra.
Tal fue la buena impresión que me llevé de esta visita que, a pesar de ser un viaje de negocios, he decidido dedicarle una entrada en mi sitio.
Ya desde el aire, observando por la ventanilla del avión mientras se aproximaba al aeropuerto de Bilbao, pude intuir las diferencias que distinguen el Sur de la península ibérica con su Norte.
Sus casas, las casas rurales, eso es lo primero que me llamó la atención. El trayecto desde Bilbao a Vitoria, por la autopista que une a estas dos ciudades, sirvió para disfrutar breve y fugazmente de estas edificaciones que se dispersan a lo largo del característico paisaje de los montes vascos.
Vitoria-Gasteiz, la ciudad tranquila. Así es como he definido yo a esta ciudad. A pesar de ser la capital de una comunidad autónoma, con más de 200.000 habitantes y siendo un día laborable, me pareció una ciudad con poco bullicio, tráfico fluido, e incluso, a pesar de estar en plena campaña electoral, pudimos callejear por unas calles poco escandalosas y además, lo que más me llamó la atención, sin un solo cartel, pancarta o banderola de esas que invaden y contaminan las ciudades en fechas electorales (estas estaban limitadas a algún que otro espacio publicitario o sitios expresamente preparados para ello). A ver si el resto de ciudades aprenden y copian este modelo de civismo ejemplar.
A pesar de que era una visita corta y rápida pudimos conocer notablemente la capital alavesa. Comenzamos nuestro recorrido por el parque que rodea a la “Catedral Nueva”, una de las dos catedrales que tiene Vitoria. Caminando hacia la plaza de la Virgen Blanca pudimos ver el exterior del Parlamento vasco, y tras las obligadas fotos de rigor en esta magnifica plaza, centro neuralgico de la ciudad, continuamos nuestro paseo por la Plaza de España, la plaza de los Fueros, que alberga numerosas instalaciones de deportes tradicionalmente vascos, como el juego de los bolos que pudimos ver.
Continuamos nuestro recorrido adentrándonos en el casco antiguo de Vitoria, camino de la la Catedral de Santa Maria (Catedral Vieja), y que a pesar de estar en plena restauración, como dice su eslogan, se encuentra “Abierto por Obras”, así que no desaprovechamos la ocasión de realizar la interesante y lucrativa visita guiada, con casco de protección incluido.![]()
Finalizada la ruta cultural, era ya hora de iniciar la inevitable y apetecida visita a algunos de los lugares de la “ruta de los pinchos” donde degustar de la auténtica cocina en miniatura que exhiben los bares de esta tierra. Después de tomarnos un “corto” por el casco antiguo nuestro excelente guía acertó de pleno llevándonos a un bar llamado “Usokari” , en la calle Dato, el cual recomiendo absolutamente, no solo por la gran variedad y la exquisitez de sus pinchos sino por el magnifico trato y atención recibida por nuestro estimado amigo Lucas. Buen café y mejor pacharán.
Antes de terminar me gustaría resaltar la ejemplarizante promoción del uso de la bicicleta como medio de transporte por la ciudad tanto por el extenso circuito de bicicarriles que posee como por la puesta a disposición del servicio municipal de préstamo de bicicletas. Envidiable.


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